Mientras sigue frenada la aprobación de un nuevo Código de Trabajo con permanencia de los derechos a indemnizaciones por despidos por la falta de consenso que gravita sobre el Congreso, los fuegos a favor y en contra entre las partes estarían en camino de extinguir porque el arbitraje a cargo del alto funcionariado oficial se decanta por dejar todo como está. El peso tradicional del sector empresarial estaría al borde de una derrota inusual aunque se resiste a renunciar a su objetivo de reducir costos operacionales bajo el criterio de que le recae un peso financiero doble por concepto nóminas a partir de la vigencia en paralelo del Sistema de Seguridad. El bloque monolítico de las centrales sindicales no retrocede en su defensa de la cesantía aún cuando la sindicalización da pocas señales de vida en el país y las más beligerantes vanguardias gremiales en la minería (Falconbridge) la telefonía (Codetel), la industria azucarera (Central Romana) y la desaparecida CDE, murieron destrozadas al enfrentar influyentes razones sociales.
UN PEPE REPRODUCIBLE
La voz más combativa a favor de la prestación laboral tradicional parte del veterano sindicalista Pepe Abreuquien no cesa de pronunciarse integralmente contra cualquier fórmula patronal que reduzca, fraccione o menoscabe el beneficio virtualmente comparable para él con el vellocino de oro de la mitología griega: La cesantía. El fogoso
expositor se ha basado continuamente en la Ley de Seguridad Social que garantiza indemnizaciones a los asalariados y que a falta de un acuerdo tripartito, “nadie debe cambiar lo establecido”. El frente sindical insiste en que la norma histórica tiene categoría de derecho adquirida tras años de lucha, huelgas y sacrificios de los trabajadores y no podría alegarse que representa un simple beneficio a regalar o quitar. “Representa una garantía de seguridad económica para el trabajador en caso de despido injustificado”. Para las entidades que representan a hombres y mujeres que venden su fuerza productiva, la cesantía es “pilar de la estabilidad laboral y herramienta de dignidad y protección”.
Puedes leer: Presenta la percepción y las supuestas pruebas de corrupción en el país
LA CONTRAPARTE
El sector empresarial ha prometido que atenuando el alcance de la ley que obliga a indemnizar a los trabajadores sin suprimirla absolutamente, sino con regulaciones de beneficio para todas las partes, se estaría fomentando la contratación formal de más mano de obra que en la actualidad. «Se aumentará la competitividad y mejorará la movilidad laboral».
El liderazgo empleadores defiende su tesis de que la cesantíatal como es actualmente, representa un pasivo considerable contra sus rentabilidades y que reformándola habría más empleos en un país de alta desocupación, para beneficio principalmente de las PYMES en dificultades de liquidez para permanecer en la formalidad. Al rígido mandato de la cesantía atribuye la tasa de informalidad que permanece incólume por encima del 50%. Son más los trabajadores dominicanos marginados de la protección legal que los que se acogen a las nóminas formales bajo una sombrilla que da vigencia a regulaciones salariales, regalía pascual, pago por desahucio y participación en la Seguridad Social que con sus defectos llena con creces un gran vacío tras desaparecer el IDSS.
CAMPO DE LA BALANZA
Sin particulares compromisos con unos u otros, el exministro de Trabajo (y uno de los padres del Código original), Rafael Alburquerquese declaró partidario de que la cesantía solo sea tocada si las partes llegan a un consenso; sin dejar de reconocer que cualquier ley que regule las relaciones entre trabajadores y asalariados siempre puede ser perfeccionada. Resaltó que el 98% del texto de la reforma laboral propuesta unificó triunfalmente criterios del capital y del trabajo.
Encomió el esfuerzo común que logró mejoras considerables en la legislación y en su momento invitó al sector patronal a reclamar a continuación el diálogo tripartito si está insatisfecho y que debía derivar en un consenso al que nunca llegó. Fue enfático al señalar que en materia laboral el diálogo entre empresarios y sindicalistas no debe cesar para que la ley esté continuamente adaptada a las necesidades económicas y de desarrollo del país.
Una fórmula intermedia funciona exitosamente en Uruguay donde las indemnizaciones por despidos satisfacen plenamente las necesidades de los desahuciados sin descansar financieramente y únicamente en los negocios. Existe el Instituto de Previsión Social una especie banco que opera con una fórmula tripartita y con aportes de los propios trabajadores, contribuciones de los trabajadores y fondos presupuestales. El 40% de los recursos que indemnizan a los despedidos proviene de transferencias estatales.

