No han sido unos meses fáciles para la familia real noruega. Además de la polémica por la publicación de correos electrónicos entre la princesa heredera Mette-Marit y Jeffrey Epstein, que aludían a una relación aparentemente más estrecha de lo que ella misma había admitido anteriormente, el rey Harald, de 89 años, tuvo que ser hospitalizado por una infección mientras disfrutaba de unos días de descanso en Tenerife. Mientras tanto, el juicio contra Marius Borg Høiby, el hijo de Mette-Marit acusado de hasta 40 delitos, finalizó en marzo y se espera un veredicto en junio. En diciembre, Mette-Marit también anunció que su caso de fibrosis pulmonar había progresado.
Posteriormente, Mette-Marit permaneció fuera de la vista del público, excepto durante una visita pública del rey Felipe y la reina Matilde de Bélgica y una entrevista televisiva para aclarar su amistad con Epstein. Pero el lunes, la princesa reanudó su agenda de trabajo en un compromiso público con su marido, el príncipe heredero Haakon, y sus dos hijos, el príncipe Sverre Magnus y la princesa Ingrid Alexandra.
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La realeza organizó una recepción en el palacio para los atletas que compitieron en los Juegos Paralímpicos de Invierno en Milán. Mette-Marit entró al salón sonriendo, pero llegó con una cánula en la nariz. Estaba conectado al sistema de asistencia respiratoria que llevaba. Es la primera vez que la princesa aparece con oxígeno durante un acto oficial, destacando su enfermedad crónica. El comunicado oficial del palacio sobre la progresión de la enfermedad decía que podría necesitar un trasplante de pulmón en el futuro.

