Hoy honramos a Nuestra Señora de las Mercedes, patrona del pueblo dominicano y Madre que nos recuerda el valor de la libertad. Celebrarla debe comprometernos con quienes todavía viven encadenados por el sufrimiento.
Hay cadenas que no se ven. Las llevan quienes pasan hambre, quienes sufren violencia, abandono, injusticia o desesperanza. También ellos esperan ser liberados.
Por eso, no basta pedir a la Virgen que rompa nuestras cadenas mientras permanecemos indiferentes ante las cadenas de los demás. La fe tiene que movernos a actuar, servir, defender y acompañar.
Hoy el llamado es claro: miremos a nuestro alrededor y rompamos una cadena. Seamos la mano que levanta y el corazón que acoge. Porque honrar a la Virgen de las Mercedes también significa convertirnos en instrumentos de libertad para los demás. Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

