Ejercer el poder en sociedades como la dominicana, implica vencer de manera electoral y convencer desde la gestión oficial. Inclusive, la validación política expresada en las urnas requiere de una amplísima concepción de que las franjas adversas a la causa exitosa sean convencidas por la fuerza de las referencias estadísticas, creíbles y contundentes, en capacidad de constituirse en argumentos irrebatibles frente al juicio objetivo de organismos validadores de las prácticas correctas.
Por muchos años, la pasión opositora encontró en los informes de organismos financieros y crediticios un muro capaz de reducir sus alegatos a la politiquería pura y simple. No es que se transfiere con categoría irrebatible sus números, sino que los técnicos acreditados de instituciones como CEPAL, BID, BM, Moody’s o Standard & Poor’s se encuentran a distancia segura del debate acalorado y de la pasión partidaria, y próximos al dato certero y de difícil impugnación.
Insistir en el refugio táctico de las RRSS como instancia crítica no necesariamente construye mayoría. Inclusive, la estrategia de descalificación nunca ingresa a los terrenos de la ética, la transparencia y la rendición de cuentas. Esto se debe a que las notas de reputados exponentes opositores están asociadas con un modelo de conducta pública no interpretado correctamente y que se erigió como causa esencial de sus dos últimas derrotas. Así, no leen con eficacia que la efectividad del mensaje depende del mensajero.
El Gobierno, en la intención de reformular los argumentos que sustentan su gestión, debe concentrarse en datos certeros y un relato coherente sobre logros, para exhibir de manera creíble todo lo hecho, no comunicado con articulación política imbatible hasta ahora. Ahora bien, si en el litoral opositor la credibilidad de mensaje y mensajero es referente de descreimiento, esto también opera para la lógica oficial. Al final de la actual coyuntura se trata de ganar la batalla del relato en la ciudadanía. Tiempo para las urnas falta, lo inteligente es trabajar en victorias inmediatas que vayan fortaleciendo el espíritu del convencimiento.
GUIDO GÓMEZ MAZARA

