Si el 4% del PIB fue el motor financiero, las pruebas PISA y la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) representan, respectivamente, el termómetro de la realidad y el timón político del sistema.
1. El Espejo de las Pruebas PISA: ¿Por qué no mejoramos?
Las evaluaciones PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) han sido, desde 2015, un «baño de realidad» para el país. Aunque en la última entrega se mostraron leves mejorías en áreas específicas, la República Dominicana sigue anclada en los niveles de desempeño más bajos.
* Comprensión Lectora como Barrera: El dato más alarmante es que una gran mayoría de nuestros estudiantes de 15 años no logran identificar la idea principal de un texto sencillo. Sin comprensión lectora, el resto del currículo (matemáticas, ciencias) se vuelve inalcanzable.
* La Brecha de Desigualdad: PISA revela que los estudiantes de estratos sociales bajos en colegios privados suelen superar a sus pares de escuelas públicas, lo que indica que el sistema público no está logrando su función de «ascensor social».
* El Enfoque en la Insumo vs. Resultado: Se ha invertido en dispositivos y aulas (insumos), pero PISA demuestra que lo que falta es transformar la interacción dentro del aula (procesos).
2. La ADP: ¿Defensa Magisterial o Freno Educativo?
La Asociación Dominicana de Profesores es, sin duda, el sindicato más poderoso del país. Su papel es fundamental, pero su relación con el Estado ha sido históricamente conflictiva, afectando directamente el calendario escolar.
* La Huelga como Primera Opción: El principal punto de fricción es el uso sistemático de paros de labores para lograr reivindicaciones salariales. Cada día de clase perdido es un retroceso irrecuperable para los hijos de las familias más pobres, que no tienen otra opción educativa.
* Resistencia a la Evaluación: Existe una tensión constante respecto a la Evaluación de Desempeño Docente. Mientras el MINERD busca vincular incentivos a la calidad y los resultados, el sindicato a menudo prioriza conquistas colectivas automáticas, independientemente del rendimiento en el aula.
* Politización Sindical: Dado que la directiva de la ADP suele estar ligada a partidos políticos, las luchas gremiales a veces se confunden con agendas electorales, convirtiendo el derecho a la educación en una ficha de negociación.
3. El Desafío: Un Pacto por la Calidad, No Solo por el Salario
El reto para los próximos años es transformar esta dinámica:
1. Del Salario al Mérito: Lograr que la ADP sea un aliado en la formación continua, donde los aumentos estén atados a la excelencia pedagógica comprobada.
2. Meta 2030: Utilizar los resultados de PISA no para señalar culpables, sino para rediseñar la formación de los maestros en las universidades (el origen del problema).
3. Blindar el Calendario Escolar: Declarar la educación como un servicio esencial para que los conflictos gremiales no dejen las aulas vacías.
Conclusión:
Mientras las pruebas PISA sigan siendo un recordatorio de nuestras carencias y la ADP se perciba más como un obstáculo político que como un motor pedagógico, el 4% seguirá siendo una oportunidad desperdiciada. La verdadera reforma no es de dinero, es de cultura y voluntad política.
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